Durante décadas, las encuestas de satisfacción del paciente han sido el principal instrumento de medición de la experiencia en los sistemas sanitarios. Fáciles de administrar, fáciles de interpretar, con una puntuación numérica que permite comparar y comunicar resultados. El problema es que esa facilidad esconde un sesgo estructural que las hace poco útiles para lo que más importa: identificar qué cambiar y cómo.
El sesgo de complacencia es el más documentado. Los pacientes tienden a puntuar alto su atención sanitaria —con independencia de lo que realmente ocurrió— por gratitud hacia el equipo que les atendió, por miedo a represalias percibidas, por no querer parecer desagradecidos, o simplemente porque comparado con su peor expectativa, cualquier atención parece buena. El resultado es una distribución de respuestas fuertemente sesgada hacia las puntuaciones altas que hace casi imposible discriminar entre centros o equipos que realmente lo hacen bien y los que tienen margen de mejora importante.
"“Los PREM no buscan medir la satisfacción del paciente con el servicio recibido, sino evaluar de manera integral su experiencia con todos los aspectos del proceso de asistencia sanitaria. En la taxonomía de Donabedian, los PREM responden al concepto de indicadores de proceso, mientras que la satisfacción se adecúa más al de indicadores de resultado.”
— Pérez, A.; Bezos Daleske, C.; Begelle, R. — Cap. 2.9, Guía SECA para la Implementación de ASBV (2025)
Esta distinción de Donabedian es clave para entender por qué los PREM son más útiles para la mejora continua. Un indicador de resultado —como la satisfacción— te dice si el paciente quedó contento. Un indicador de proceso —como un PREM— te dice exactamente qué pasó durante la atención: si se le explicó el tratamiento, si pudo contactar fácilmente con el equipo, si se sintió capacitado para gestionar su enfermedad en casa. El primero mide el efecto; el segundo identifica las causas.
Hay otro problema añadido: las encuestas de satisfacción suelen ser puntuales —una encuesta anual, una muestra reducida, un formulario estándar igual para urgencias que para consultas externas— mientras que la experiencia del paciente varía enormemente según el proceso asistencial, el servicio, el momento del episodio y el perfil del paciente. Una herramienta genérica y esporádica no puede capturar esa variabilidad.
Qué aportan los PREM que las encuestas de satisfacción no pueden dar
Los PREM superan las limitaciones estructurales de las encuestas de satisfacción en cuatro dimensiones clave:
1. Preguntan por hechos, no por valoraciones
La diferencia entre «¿Cómo valora la atención recibida?» y «¿El personal le explicó en un lenguaje comprensible lo que iba a pasar durante el procedimiento?» es radical. La primera pregunta invita a una valoración emocional global, que estará contaminada por el estado de ánimo del paciente, su nivel de expectativas previas y el sesgo de complacencia. La segunda pregunta pide al paciente que recuerde un hecho concreto: si ocurrió o no ocurrió.
Esto reduce el sesgo y aumenta la utilidad del dato. Si el 40% de los pacientes responde que no recibió una explicación comprensible antes del procedimiento, el equipo sabe exactamente qué mejorar. Una puntuación de satisfacción de 7,8 sobre 10 no ofrece esa información.
2. Miden dimensiones específicas y accionables
Los PREM bien diseñados estructuran la experiencia del paciente en dimensiones que corresponden a aspectos concretos y mejorables del proceso asistencial. La Guía SECA 2025 identifica seis dimensiones estándar de un PREM: comprensión (¿el paciente entendió su proceso y tratamiento?), trato (¿fue respetado y tratado con dignidad?), confianza (¿el profesional generó cercanía y seguridad?), capacitación (¿el paciente adquirió habilidades para gestionar su enfermedad?), bienestar emocional (¿se le apoyó para que la enfermedad no controlara su vida?) y disponibilidad y accesibilidad (¿pudo contactar con el equipo cuando lo necesitó?).
Cada una de estas dimensiones puede tener un resultado diferente en el mismo servicio. Un equipo puede puntuar muy bien en trato y muy mal en capacitación. Esa granularidad es imposible de obtener con una encuesta de satisfacción global.
3. Son dinámicos y adaptables al proceso asistencial
Una encuesta de satisfacción genérica aplica las mismas preguntas a un paciente que acaba de pasar por urgencias que a uno que lleva seis meses en seguimiento ambulatorio de una enfermedad crónica.
Los PREM se diseñan y validan para procesos específicos: hay PREM de hospitalización, de consultas externas, de urgencias, de cirugía mayor ambulatoria, de terapias domiciliarias. Las preguntas relevantes —y los puntos de contacto que importan— son distintos en cada contexto.
4. Permiten la mejora continua, no solo la rendición de cuentas
Las encuestas de satisfacción se usan principalmente para rendir cuentas: demostrar que el centro tiene un índice de satisfacción alto, publicar el dato en la memoria anual, comparar con el año anterior. Los PREM están diseñados para otra cosa: para cerrar el ciclo de mejora. El feedback continuo y específico de los pacientes facilita ajustes rápidos en la práctica clínica, promoviendo una atención más efectiva y centrada en el paciente.
El caso de las terapias respiratorias domiciliarias: cuando PREM y PROM se correlacionan
Un ejemplo concreto de la utilidad de los PREM más allá de la satisfacción lo ofrecen los estudios sobre terapias respiratorias domiciliarias (oxigenoterapia, CPAP, ventilación mecánica).
Al desarrollar cuestionarios PREM específicos para estos procesos, los investigadores descubrieron que el papel de la familia era fundamental, no solo como cuidadora sino como factor de comprensión del tratamiento. Por eso, los PREM de terapias respiratorias domiciliarias incluyen preguntas sobre la implicación y el apoyo familiar, algo que ninguna encuesta de satisfacción genérica recoge.
Cuando se cruzaron los datos PREM con los PROM de estos pacientes, se evidenció que cuando la implicación familiar era mayor, las exacerbaciones y síntomas registrados en los PROM disminuían. Es decir: mejorar una dimensión concreta de la experiencia (capacitación familiar) tenía un impacto directo en los resultados clínicos.
Fuente: Rudilla D et al. Open Respiratory Archives, 2021 — citado en Guía SECA 2025, Cap. 2.9.
PREM vs encuestas de satisfacción: Tabla comparativa
La siguiente tabla resume las diferencias entre ambos instrumentos desde los criterios más relevantes para la toma de decisiones en gestión sanitaria:
| PREM | Encuesta de satisfacción |
|---|
| ¿Qué mide? | Cómo vivió el paciente las interacciones con el sistema sanitario: comunicación, trato, coordinación, capacitación, accesibilidad. | El grado de satisfacción global con el servicio recibido, generalmente en una escala numérica o de valoración. |
| Tipo de indicador (Donabedian) | Indicador de proceso: evalúa cómo se entregó la atención. | Indicador de resultado: evalúa la percepción global al final del episodio asistencial. |
| Naturaleza de las preguntas | Preguntas sobre hechos y vivencias concretas: «¿Le explicaron los efectos secundarios del tratamiento?» | Preguntas de valoración subjetiva global: «¿Cómo valora la atención recibida del 1 al 10?» |
| Sesgo potencial | Menor sesgo de complacencia: al preguntar por hechos concretos, el paciente describe lo que ocurrió, no lo que siente al respecto. | Alto sesgo de complacencia: los pacientes tienden a puntuar alto por gratitud o por no querer criticar al equipo que les atendió. |
| Utilidad para la mejora | Alta: identifica dimensiones específicas del proceso que funcionan bien o mal. Permite diseñar acciones concretas. | Limitada: un 8,5 sobre 10 de satisfacción media no indica dónde está el problema ni cómo resolverlo. |
| Temporalidad | Continua y sistemática: abierta a todos los pacientes en cada episodio asistencial. | Generalmente puntual: encuestas anuales o periódicas, a menudo sobre muestras reducidas. |
| Adaptabilidad | Alta: cuestionarios dinámicos adaptados a cada proceso asistencial (consultas, urgencias, hospitalización, CMA). | Baja: formulario estándar igual para todos los servicios y procesos, independientemente del contexto. |
| ¿Son excluyentes? | No. Pueden coexistir, pero con objetivos distintos: los PREM para la mejora continua; la satisfacción para la rendición de cuentas. | No. Pueden coexistir, pero con objetivos distintos. |
Esta comparativa no pretende afirmar que las encuestas de satisfacción no tengan ningún valor. Para determinados objetivos —comparaciones entre países, publicación de datos agregados para transparencia pública, evaluación de la imagen institucional— pueden seguir siendo útiles. Pero para el objetivo que más importa en una organización que quiere mejorar la calidad asistencial de forma sistemática —identificar qué cambiar, dónde y cómo— los PREM son instrumentos incomparablemente más potentes.
Cómo pasar de encuestas de satisfacción a PREM: claves prácticas
La transición desde un modelo de medición basado en satisfacción hacia uno basado en PREM no es solo un cambio de cuestionario: es un cambio de paradigma sobre para qué se mide la experiencia del paciente. Estas son las claves prácticas para hacer esa transición con éxito:
Definir el objetivo antes de elegir el instrumento
El primer paso es clarificar qué se quiere conseguir con la medición. Si el objetivo es mejorar procesos específicos y generar acciones de mejora concretas, los PREM son la herramienta adecuada. Si el objetivo es monitorizar la imagen institucional o comparar con índices nacionales, puede ser útil mantener algún indicador de satisfacción global en paralelo. Lo importante es no confundir los dos objetivos y no usar un instrumento diseñado para uno cuando se necesita el otro.
Elegir PREM validados y adaptados al proceso
Existen herramientas de PREM validadas internacionalmente con solidez metodológica contrastada. El Picker Patient Experience Questionnaire (PPE-15 y PPE-33) es el más utilizado en hospitalización y evalúa seis dimensiones: acceso a la atención, comunicación con el equipo, coordinación del cuidado, apoyo emocional, participación en decisiones y continuidad. Para pacientes crónicos en seguimiento ambulatorio, el IEXPAC y el PACIC son referencias. Para atención primaria, el EUROPEP cubre 23 ítems en cuatro dimensiones mediante escala Likert. Para procesos específicos como urgencias o cirugía mayor ambulatoria, la tendencia es hacia PREM diseñados y validados específicamente para esos contextos.
Medir de forma continua, no puntual
Uno de los errores más frecuentes al implementar PREM es tratarlos como una encuesta anual. La medición de la experiencia del paciente debe estar abierta de forma continua a todos los pacientes que acuden a la organización, idealmente administrada poco después del contacto asistencial para capturar impresiones frescas y precisas. Solo la medición sistemática y continua permite detectar tendencias, identificar el impacto de cambios organizativos y mantener la mejora a lo largo del tiempo.
Cerrar el ciclo: de los datos a las acciones
Medir la experiencia del paciente no garantiza por sí solo su mejora. La medición es una herramienta para detectar aspectos que deben mejorar y para tomar decisiones informadas. El dato tiene que traducirse en una acción concreta, y esa acción tiene que evaluarse. Sin ese ciclo cerrado —medir, actuar, volver a medir— los PREM se convierten en otra encuesta que se archiva sin consecuencias. La tecnología actual permite automatizar el análisis estadístico de los datos cuantitativos y utilizar inteligencia artificial para la interpretación de respuestas cualitativas, dejando la decisión final en manos de los profesionales.
Ejemplo real: cómo los PREM redujeron las demandas en hospitales italianos
Las regiones de Toscana y Véneto (Italia) implementaron un observatorio de PREM digital, continuo y sistemático que incluía, además de las preguntas estructuradas estándar, una pregunta abierta analizada mediante machine learning.
El análisis de las respuestas abiertas permitió identificar patrones de experiencia negativa que las preguntas cerradas no capturaban. Como resultado de las acciones de mejora implementadas, se evaluó una reducción en el número de demandas contra los centros.
Al mismo tiempo, el sistema identificó sistemáticamente lo que funcionaba bien —algo que los pacientes rara vez comunican espontáneamente— generando un aprendizaje institucional positivo que las encuestas de satisfacción tradicionales nunca habían podido producir.
Fuente: De Rosis S, Cerasuolo D, Nuti S. BMC Health Services Research, 2020 — citado en Guía SECA 2025, Cap. 2.9.
¿Tu centro sigue midiendo solo satisfacción?
RateNow facilita el diseño e implementación de PREM validados para cualquier proceso asistencial, con administración digital omnicanal, análisis en tiempo real y herramientas para cerrar el ciclo de mejora continua.
Referencias
1. Pérez A, Bezos Daleske C, Begelle R. Herramientas, facilitadores y barreras: PREM. En: Varela Rodríguez C (ed.). Guía para la Implementación de Asistencia Sanitaria Basada en Valor. Madrid: SECA; 2025. Cap. 2.9:373-397.
2. De Rosis S, Cerasuolo D, Nuti S. Using patient-reported measures to drive change in healthcare: the experience of the digital, continuous and systematic PREMs observatory in Italy. BMC Health Serv Res. 2020;20:315.
3. Rudilla D, Moros V, Lalanza S, et al. Development and validation of PROM and PREM in home respiratory therapies. Open Respir Arch. 2021;3(4):100132.
4. Jenkinson C, Coulter A, Bruster S. The Picker Patient Experience Questionnaire: development and validation. Int J Qual Health Care. 2002;14(5):353-8.
5. Gleeson H, et al. Systematic review of approaches to using patient-reported experience measures for quality improvement. J Patient Rep Outcomes. 2016;1:5.
6. Duncan EAS, Murray J. Patient and healthcare provider perceptions on using PREM in routine clinical care: a systematic review of qualitative studies. J Patient Rep Outcomes. 2019;3:36.
7. Agència de Qualitat i Avaluació Sanitàries de Catalunya (AQuAS). Elementos clave que influyen en la experiencia del paciente (PREM). Barcelona: AQuAS; 2020.